jueves, 14 de febrero de 2008

MADAME ERONEN



¿Cuando den las 11 estarás ahí?
¿Cruzarás el umbral de la puerta sin llamar,
con el pecho por delante?
Y cuando fijes la mirada,
¿unirás tus ojos a los míos,
o tajarás el resto de mi cuerpo,
faro intransigente,
luz persecutora?

Hoy me he vestido con la noche,
para que olvides mis pecados
entre el silencio y la tiniebla;
pero te aguardo sentada sobre la nube,
con el brazo extendido,
para que el resplandor te ciegue
y te aferres a mi mano sin dubitaciones.

Cuando por fin te acerques
olvida la seda, el satén
y desliza tu mirada hacia mis labios,
porque el resto de mi rostro es bruma fantasmal,
mis ojos, pincelada de algas flotando sobre el pantano,
el cabello que cubre mis sienes, hortiga, bucles de árbol cansado...
pero mis labios son trozos de vida palpitante...
¡arrastra, si es preciso, tus ojos
hasta ellos!,
comprueba el calor intacto de su carne.

Son las 11 ya.

Pero a las 12.
¿A las 12 aparecerás en el rellano,
con la mano firme, congelada de granito?
¿Cruzarás el umbral de la puerta sin llamar,
con el pecho por delante?
¿Llegarás con la frente despejada,
la espada reluciente,
y me nombrarás?

Te aguardo para seguirte,
liberador de angustias,
asesino de la muerte.