jueves, 14 de febrero de 2008

SONIA



Sólo su corazón importa.
Seguro el mío debe ser estrella de mar varada en la arena,
muñeco de trapo recogido de la vereda.

¿Con qué aguardiente se llenará el estómago
para marchitar las flores de plástico sobre la mesa?
¿Cómo podrá azotar labios a la vez que puertas,
amedrentar libros viejos, camas destendidas,
sin detenerse en mi cuerpo recogido
o en los ojos que le rodean?

He de tener mirada de chacal hambriento.
Cuando balbuceo se me han de escapar gruñidos,
sorna de hiena, vituperios.
Debo ser comadreja come gallinas
que hay que tratar con palo para escarmiento.
Cuando sollozo debo mostrar colmillos,
se me ha de resbalar espuma por el hocico,
porque el dedo que enarbola me señala entre los ojos
y las pedradas de su boca me asestan todas sobre el lomo.

Sólo a él le laten las sienes,
el dolor sólo en su orilla se acumula.
A mí me han de regalar sueños cumplidos en el mercado,
a cada paso que doy
el mundo ha de venir corriendo para abrazarme.

Mañana quién me ayudará a levantar estos huesos.

Y ahí se quedará él en el sofá,
agotado de bendecir con improperios,
vencido por la brisa, a plena tarde,
mientras afuera la maleza se devora la hierba que resta
y mis hijas, junto a lo que queda de mí,
aguardamos sobre este banco de madera
la hora de partir hacia quién sabe dónde.